miércoles, 21 de noviembre de 2007

BORGES Y NOLO

La anécdota la refiere LuisAntonio Gali en el libro Mi futbol(Ed. Proa,1967, Argentina); sin embargo, no sería aventurado apuntar su origen hacia la memoria que, minuciosamente, han ido articulando los antiguos visitantes de la Bombonera, coso donde el Boca Juniors ha escrito historias de villanía a la par que de heroísmo.
Gali apuesta por una jerga plagada de argentinismos para aludir a uno de los acontecimientos más singulares en la trama que han ido tejiendo, a lo largo de los años, el futbol y la literatura argentina. Se trata del encuentro que sostuvieron el domingo 25 de marzo de 1931, en el viejo estadio, escenario nada monumental que cobijaría la leyenda boquense hasta 1938 (año en que se inicia la construcción del Camilo Cichero, en Brandsen 805 y Capital Federal, para ser inaugurado un 25 de mayo de 1940 con el triunfo dos a cero de Boca Juniors sobre San Lorenzo), el narrador Jorge Luis Borges y Nolo Ferreira, volante ofensivo de Estudiantes de la Plata.
Es en esta época cuando Borges conoce al que será uno de sus mejores amigos y discípulos, Adolfo Bioy Casares, protagonista secundario de la anécdota a la que alude e! texto de Gali. El 25 de marzo de 1931, Adolfo Bioy Casares invita a Jorge Luis Borges al pequeño estadio donde el Boca Juniors comienza a gestar su leyenda en el que será el primer torneo de futbol profesional en Argentina. Se trata de un acto singular, presuponiendo la poca disposición de Borges para los deportes, principalmente a éste que significa mucho instinto y poco razonamiento entre los contrincantes; una buena dosis de habilidad aunada a la capacidad estratégica del entrenador. Aunque al hablar de 1931 aludamos a una época en la que la estrategia contaba menos que la vitalidad desplegada en el campo, el entrenador o director técnico de entonces, tenía la tarea nada fácil de ubicar a los jugadores en los puestos que les correspondían, dependiendo de las facultades mostradas en los entrenamientos. Gali cuenta que Borges y Bioy Casares se desprendieron de sus "morlacos" para "adentrarse en una mar de gente congratulada con el fútbol y sus ídolos". La selección Argentina había caído en el Centenario de Uruguay, durante una final que había tenido mucho de manipulación y de zozobra; sin embargo, los argentinos se habían ganado una fama de "prestidigitadores, de fantasmales gambeteros que, inspirados, se perdían entre los rivales para aparecer en la puerta contraria y convertir el gol". Uno de estos mágicos gambeteros era Nolo Ferreira. Manuel Ferreira quien era bastión insuperable de Estudiantes de la Plata. En 1929, vistiendo la casaca de la selección argentina, se había coronado en la copa América. En 1930, junto a Monti y Stábile, había formado parte del equipo ideal del mundial uruguayo y para 1931 ya el mundo lo conocía como el Piloto Olímpico (mote ganado en las olimpiadas de 1928, en Amsterdam) por su capacidad para dirigir los partidos como si fueran verdaderas lecciones de vuelo sobre el pasto. Era un volante de enlace que cumplía más las funciones de un delantero que "convierte la portería contraria en su amante" (Gacinto Espriú, Vida de Nolo, Ed. Buenavista, 1967). Para los hinchas de Estudiantes, por eso, la posibilidad del traspaso de Nolo a River había querido decir que la directiva los dejaba de lado, los traicionaba mandando al diablo sus intenciones de ganar el campeonato inaugural de la liga argentina.
Ese día jugaban Boca y Estudiantes el primer lugar. Borges y Bioy se acomodaron en medio de una hinchada que furibunda coreaba cada embestida de Boca al marco de Estudiantes. No es difícil suponer la extrañeza de Borges, que no de Bioy (quien asistía con cierta frecuencia a la cancha), ante esas manifestaciones de júbilo que tenían "mucho de rudimentario y salvaje para los ojos de un pampero educado prácticamente en Suiza". A pesar de ello, Borges nunca dejó de expresar cierta admiración por los malabares de ese volante espigado que escondía la pelota entre sus piernas para volverla a aparecer sobre la testa de un rival o sobre los botines del compañero. ¿Cómo se llama ese jugador? Cuenta la leyenda que preguntó Borges a Bioy con una sonrisa que mostraba una satisfacción seria, nada elocuente; Manuel Ferreira, alias el Nolo, dicen que respondió Casares entre sorbo y sorbo a una cerveza Tucumana oscura y espumosa. lnvitame una Córdoba, Adolfito, please, dicen que dijo Borges con ganas de romper el hielo de su solemnidad y mandar al diablo la filosofía de Hume, convertida en práctica sustancial de su rutina. A partir de ahí, Borges abandonó su postura flemática para adoptar el espíritu de un gamberro que orienta sus gritos hacia el número nueve de Estudiantes, incitado, además, por el espíritu irreverente y febril de Adolfo Bioy Casares, quien a sus escasos diecisiete años ya sonreía con la arrogancia de un hombre cabalmente mayor. Señala Gali en el capítulo referido: "Todo hubiera quedado ahí, de no ser por una sola acción que le valía a Boca no sólo el primer sitio, sino la posibilidad de obtener el campeonato. Varallo cedió el balón a Cherro en los linderos de su propia área, para que éste la cediera al Nolo sin dilaciones. Sin embargo Nolo, acostumbrado a pensar primero y ejecutar después, echó a correr pensando que tenía los gajos entre los botines; era la primera y única granujada, la primera y última farrada que iba a cometer Manuel Ferreira en una larga y exitosa carrera como futbolista. Así pues, el balón se quedó ahí, a merced del jorobadito Orsi quien sólo tuvo que sacar al cancerbero para anidarla en el entramado. Yo estaba sentado junto a la reja y tenía el alma en un puño ante la tunantería de mi ídolo, cuando escuché a un hombre que le gritaba cosas a Nolo detrás de mí: eran cosas rarísimas, nunca escuchadas en un campo de juego. Como en ese tiempo laboraba para El Clarín, llevaba una libretita en la mano y ahí pude anotar algunas de esas extrañas parrafadas: Sé que una cosa no hay, Nolo, es el olvido! Has cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer, Nolo! Por las calles que ahondan el poniente, qué has hecho, Nolo! Después de eso, todo mundo sabe, Stábile cerró con un golazo lo que el error de Nolo había dado inicio. Nolo Ferreira terminó el partido y se fue a esperar al rijoso a la salida del estadio, sólo para reconocer en la persona del hablador al autor de uno de sus libros favoritos, Fervor de BuenosAires. Para un Borges arropado por las sábanas del alcohol, era inadmisible que un futbolista supiera lo más mínimo de poesía y por eso, delante de todos, desafió al joven Ferreira a reconocer una zarabanda de citas dictadas al desgaire por una soberbia que buscaba el reconocimiento de la hinchada. Lo increíble fue que Nolo respondió bien a todas las preguntas de Borges, quien cayó en un arrebato de cólera cuando el gambetero le solicitó al autor de un soneto complejísimo que cuestionaba la existencia de Dios. Ante el silencio de Borges, quien parecía adormecido entre los nubarrones de una borrachera plenamente instalada en su cuerpo frágil, Nolo Ferreira le respondió: El poemita es mío, maestro, aunque prefiero hacer goles. Dicen que después de eso Borges invitó a Nolo a su casa, le obsequió un par de libros en ese único encuentro que clausuró de plano una amistad que hubiera sido productiva para la literatura y el deporte argentino de todos los tiempos.
Todos, o casi todos saben lo que sucedió con la vida y la obra de Jorge Luis Borges. De Manuel Ferreira, Leandro Ramírez Barrios escribió una notita a raíz de su muerte, un 29 de julio de 1983, cuando tenía 77 años y muchos recuerdos:
"El Nolo Ferreira fue uno de los integrantes de la famosa albirroja (Lauri, Scopelli, Sosaya, Ferreira y Guaita) que deslumbró en los albores del profesionalismo y que fue bautizada con el mote de los 'profesores'.
"En 1933 pasó a River Plate, pero imprevistamente no rindió tanto, tal vez porque extrañaba a sus compañeros de ataque. Por eso tras dos temporadas volvió a Estudiantes, donde todavía seguían firmes Lauri y Sosaya, pero una lesión lo obligó a abandonar el fútbol en 1936.
"Recibido de escribano, Manuel Ferreira ejerció esa profesión hasta jubilarse. Pero también fue dirigente, técnico y hasta supo dedicar su tiempo al periodismo y la poesía. El viernes 29 de julio de 1983, mientras visitaba a sus hijos en Barcelona, lo sorprendió la muerte. Tenía 77 años. Descanse en paz nuestro Piloto Olímpico".

3 comentarios:

Capitán Tomate dijo...

Le dejo una historia que ví por ahí.
El 26 de octubre de 1863 es considerado por muchos como el día del nacimiento del fútbol moderno. Ese día, Ebenezer Cobb Morley inició una serie de 6 reuniones entre 12 clubes de distintas escuelas londinenses en la Taberna Freemason's, con el objetivo de crear un código de fútbol universal y definitivo, que tuviera la aceptación de la mayoría. Finalizadas las reuniones, el 8 de diciembre, 11 de los 12 clubes lograron el consenso para establecer 14 reglas del nuevo código, el cual recibiría el nombre de fútbol asociación (association football en inglés), para diferenciarlo de otros de la época. Sólo el club Blackheath se negó a la creación de estas reglas que prohibían en general el uso de las manos para manejar la pelota. El Blackheath se convertiría en uno de los creadores de otro famoso deporte, el rugby.

oenlao dijo...

en dublin no pasaba eso.

Capitán Tomate dijo...

Qué no pasaba en Dublín? No recuerdo haber mencionado a Dublín.