lunes, 5 de noviembre de 2007

GARRINCHA, UN SONETO FAMOSO

No, no lo vi jugar. Su apodo es el nombre de un pájaro feo que orienta su silbo y sus aletazos en las regiones más profundas de Gerais. Estaba chueco, y sin embargo, su danza con la pelota se hizo inconfundible: una galería de fintas, de quiebres, de regates a la velocidad del viento agotó la capacidad de asombro de los brasileños, un pueblo que, en el futbol, lo maravilloso forma parte de una domesticidad reconocible. Lo fantástico como rasgo de lo cotidiano, lo bonito como una vocación. Esos postulados fueron los que rigieron el juego de Garrinncha. Vinicius de Moraes le dedicó un soneto que transcribo aquí, con una traducción del periodista Ricardo Bada, en lo que me llega la de mi lusitanófilo de cabecera Mijail Lamas.
A un pase de Didí, Garrincha avanza
con el cuero a los pies, el ojo atento,
dribla una vez, y dos, luego descansa
cual si midiera el riesgo del momento.
Tiene el presentimiento, y va y se lanza
más rápido que el propio pensamiento,
dribla dos veces más, la bola danza
feliz entre sus pies, ¡los pies del viento!
En éxtasis, la multitud contrita,
en un acto de muerte se alza y grita
en unísono canto de esperanza.
Garrincha, el ángel, oye y asiente:
¡goooool!Es pura imagen: la G chuta la O
dentro del arco, la L. ¡Es pura danza!".

2 comentarios:

Unknown dijo...

El poeta Eduardo Langagne tiene una versión insuperable del mismo, habrá que pedírsela mejor a él.
Un saludo y un abrazo maestro.

Capitán Tomate dijo...

Lentamente ascendió el balón en el cielo.
Entonces se vio que estaban llenas las tribunas.
Habían dejado solo al poeta bajo el arco,
Pero el árbitro pitó: Fuera de juego.

Gunter Grass